Puzzles de Arena

Blog de relatos y fotografía

Homenaje a un móvil

con 5 comentarios

Cierto es que le faltan algunas teclas, casi no le dura la batería y siempre hay algo de bruma en la pantalla, pero en estos días de obsolescencia programada no es muy normal que un móvil dure más de 5 años.

Desde hace tiempo quiero darle un homenaje por lo que ha tenido que aguantar y la cantidad de memeces que ha escuchado durante todo este tiempo. Menos mal que los móviles no hablan todavía. Para compensarle por los comentarios abusivos que recibe a diario de las personas de mi entorno, claramente infundidos por la envidia que sienten hacia nosotros por seguir juntos después de tantos años. Ellos que nunca han conseguido establecer una relación duradera, siempre andado por ahí con esos terminales táctiles, con internet y cámaras de muchos megapíxeles que les dejan tirados en el momento más inesperado, cuando ya empezaban a relajarse de la ruptura anterior y guardaban sus números en las agendas. Y entonces nosotros, mi móvil y yo, les miramos con cierta condescendencia pero intentando ser dulces y comprensivos a la vez. En alguna ocasión se nos escapó un ” ya te lo dije” pero por lo general sólo sentimos pena.

Como digo, estamos de celebración. Así que he recopilado unas cuantas fotos de las que hemos ido haciendo estos años y ha salido una colección curiosa. Son fotos espontáneas; de gente, de lugares, de nada. Aunque no pretenden ser resumen, quizás de alguna manera lo sean.

De calles,

y cielos

de las noches

y las mañanas

de reclamos diversos

y expresiones varias

de algunos amigos

Pero sobre todo de la rutina

de las cosas sin importancia que suelen pasar desapercibidas,

a no ser que se apriete un botón,

y queden suspendidas en el espacio-tiempo contra todo pronóstico.

Después de todo, este móvil me conoce como nadie. Y en estas fotos, en su irrelevancia y su patrón errático, me veo sorprendentemente analizado.

La colección entera está aquí.


Escrito por Guzmán

enero 15, 2012 a 6:56 pm

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Con Méjico como excusa

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Hace ya muchos meses de los grandes viajes que fueron justificación suficiente para abrir este nuevo blog. Casi cuatro años de aquello. La primera experiencia con las bitácoras en internet había empezado bastante antes con el blog de corto recorrido “Sin Membretes” que abrí siguiendo el consejo de dos buenos amigos durante nuestro Erasmus en Inglaterra. Ahora descubro que todavía funciona el link y me pregunto dónde almacenarán toda esta basura cibernética que se queda suspendida en el tiempo. Aquel blog tenía lo suyo, un fin de erasmus y un voluntariado en Nicaragua. Y acabó de muerte natural por desuso. Un par de años después surgió otra vez el interés por contar alguna cosa irrelevante que sucediera lejos de la patria. Aunque todo empezó por el relato de un camarero el día Año Nuevo en el Hotel Palace, pronto pasamos a las historias de la India y Sudamérica. Durante seis meses escribía de forma errática sobre personas y lugares que se sucedían en el viaje. Nunca quedé convencido de tanta descripción y tanto adjetivo pero, en medio de aquella saturación sensorial y en un estado de contínua transición, era lo único que podía hacer. Desde entonces y sin previo aviso,  hay momentos puntuales en los que me doy cuenta de cosas que fueron imperceptibles durante los meses del movimiento y que, al volver a la  rutina, aparecen claras ante los ojos. Como digo, al final había que volver aunque el final del viaje sucedería muchos meses más tarde y por sorpresa cuando un día, en un lugar de Madrid, te sientes en casa. Entonces tocó volver a escribir ficciones con más inventiva que un relato de viajes (por mucho que esto tenga un componente subjetivo importante) y a hacer fotos de lugares más cercanos. Así pasaron los meses, buscando una pasíon para justificar existencia en tardes de domingo.  Hasta este mes de noviembre, de vuelta de una fugaz visita a Méjico que me ha hecho recordar todo lo anterior: los viajes, el blog, las palabras. Un desvarío pequeño para una noche fría. Otra vez se me han hecho las tantas.

Mar en Progreso

Puesto callejero

Uxmal

El resto de las fotos de Méjico, aquí.

Escrito por Guzmán

noviembre 9, 2011 a 12:46 am

Escrito en fotografía, Relatos

Cosas que pasan en otoño

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Y no sólo hablo de la lluvia, de que amarilleen los campos y se caigan las hojas de los árboles. Hablo de las luces que se encienden en las casas por las tardes, de los libros que se leen y las mantas que tapan los pies cuando te tumbas en el sofá. Hablo de los cafés -ya no hay terrazas-, del cine, de los guisos y las setas.

Cuando era pequeño mi estación favorita era el otoño. Ahora no lo tengo claro, como sobre el resto de las cosas. Hay cierta seguridad en lo que se piensa de pequeño, un aplomo especial para mirar al futuro sin dudas que se va amortiguando con los años. Me gustaba el otoño por la vuelta al colegio, la reunión con los amigos, los libros de texto nuevos (aquel olor…). Porque el otoño tiene algo de novedad y la vida se reinicia después del aletargamiento estival, empezando meses de actividad sostenida hasta la navidad -aún queda mucho para eso, quiero pensar- en los que cada tonto sigue con su tema. Pero creo que, por encima de todo, lo que siempre me ha gustado del otoño es la soledad que llena la habitación en las noches, cuando fuera llueve, hace frío, sopla el viento. Esa soledad que nos mueve y nos obliga a hacer. Motor de la mayoría de las cosas en la vida.

Escrito por Guzmán

noviembre 3, 2011 a 1:01 am

Escrito en fotografía, Relatos

¿Una foto más?

con un comentario

Hoy viendo un corto sobre fotoperiodismo de guerra que me mandó el Viajero Austral, me he acordado de algo (lejanamente) relacionado. Hace unos años envié esta foto a un par de amigos para pedirles su opinión. Transcribo literalmente la conversación que tuvimos en aquel momento.

TEXTO DEL EMAIL:

Hice esta foto en la India. Uno de los chicos que viajaba con nosotros me lo recriminó porque le parecía gore y morboso. Yo le dije que sólo la usaría para transmitir la realidad de la foto en forma de denuncia y me sonó un poco a cuento. Ahora es una foto más de las 1600 fotos que hice en el viaje. Si una foto de este tipo no sirve para “cambiar conciencias”, se puede sostener sólo por criterios artísticos?

Es una duda que tengo…

RESPUESTA 1:

He aprovechado tu pregunta para hacerla en la oficina y…. se ha abierto un bonito debate :)

Están toooodas las posturas representadas, así que yo te doy la mía: depende de tu intención al hacer la foto; si la hiciste solo porque “jo! cómo mola este contraste, esa composición, ahi con el cartel de Internet detrás…” o porque creías que esa foto la tenían que ver tus colegas. Si lo hiciste por arte, estás cosificando a ese señor. Si lo hiciste ‘para contarlo’ también lo cosificas – no nos engañemos – pero menos.

Si eso luego sale en un periódico o solo lo ven tus 30 amigos en Flickr, es lo de menos. Creo.

RESPUESTA 2:

¿Y cuál es la diferencia entre esta foto y cualquier otra de las que has hecho de otra gente en la India? O en cualquier otro sitio? ¿es sólo cuestión de kilos? ¿Estaría menos “cosificado” el señor fotografiado si estuviera gordo, o llevara una vestimenta tradicional, que también produciría su buen contraste? ¿qué buscamos cuando hacemos fotos de gente? no creo que siempre sea para denunciar algo, ni creo que la denuncia de ese algo sea la excusa para cualquier foto. 

A este respecto es aleccionadora la historia del fotógrafo Kevin Carter, ganador de un Pulitzer en 1994, que se suicidó un par de meses después de recibido el premio entre otras cosas, al parecer, por “culpa” de la foto.

En fin, creo que tu pregunta y tu duda existencial tienen tantas respuestas como gente preguntada. Y también creo que mientras no te dediques a torturar a nadie para luego hacer fotos de sus heridas y vender esas fotos, si sólo haces fotos de lo que ves, de lo que existe lo fotografíes tú o no, la cosa no es grave y estoy de acuerdo en que lo de menos es la difusión. Si encima sirven para algo bueno, mejor que mejor.

Sería magnífico pensar que gracias a las fotos se podría cambiar el mundo (sería magnífico que pasara), pero me temo que no es así.

 

Escrito por Guzmán

agosto 30, 2011 a 1:14 pm

Escrito en fotografía, opinión

Alguna memoria reseñable

con un comentario

El resto, en Flickr.

Escrito por Guzmán

agosto 24, 2011 a 10:25 am

Escrito en fotografía

Estamos de Vac-acciones

con 8 comentarios

Hola,

Hoy hubieras disfrutado de Madrid.

Tenía que pasar algo así después de la carga policial de ayer. Como siempre sucede, como pasó con lo de Plaza de Cataluña, a uno le hierve la sangre al ver la brutalidad de un ataque indiscriminado. “Vosotros ponéis la violencia, nosotros la inteligencia” decía un cartel. Así que nos hemos reunido en Atocha. Salimos a la calle de la misma manera que, durante todos estos años, nos quedábamos en casa. Con total naturalidad.  Una vez que estábamos unos cuantos hemos cambiado la acera por el asfalto.  Ha llegado el señor de los carteles, ya sabes quién te digo, y ya había adaptado los de PAZ. Ahora ponía “Pan, no porras” en referencia a lo de ayer. Este hombre está a la última.

Hemos ido subiendo por el paseo del Prado. Con nuestros cánticos de siempre. Lo llaman democracia y no lo es, que no nos representan, la voz del pueblo no es ilegal, el de la lucha sigue cueste lo que cueste y ese que tiene ritmillo de palmas, el de vuestra crisis no la pagamos. Cada vez éramos más y, al llegar a Cibeles, he girado la cabeza de puntillas y no he conseguido ver dónde acababa la gente. En el cielo, un atardecer de esos con los que la meseta nos compensa por no tener mar. Según subíamos por el paseo de la Castellana iba pensando en lo impresionante que es todo esto. Me acordaba de los primeros días, de cómo se pasó de la tímida protesta al clamor. Pensaba en las asambleas, las de barrio, las de Sol, en cómo hemos reaprendido la democracia del respeto y la comunicación. Ya se que a veces nos cabrea la dinámica lenta, la capitalización del debate por algún sector dominante, las propuestas destructivas. Pero la esencia es tan bella y tan primaria. Sentarse a hablar, llegar a un entendimiento. No me quiero ir por las ramas. Te escribía para contarte cómo ha sido el día de hoy porque se que te hubiera gustado estar en Madrid. Y un poco de morriña seguro que te habrá entrado.

Queríamos llegar al Ministerio del Interior donde fueron las agresiones de ayer. Así que hemos pasado Colón y nos hemos plantado delante del edificio, completamente cercado por furgones. Vergüenza, no tenemos miedo, cantábamos. Y una nueva: Estos son los veranos de la Villa. Se ha guardado un minuto de silencio, de esos con las manos agitándose en el aire. Es espectacular ver a miles de personas en absoluto silencio. De pronto, la gente se para y la ciudad se comienza a oír. Sirenas, motor de coches, viento en los árboles. Y nosotros serios, estáticos. Hasta que se vuelve a romper con un estruendo de aplausos y silbidos. Como el grito silencioso en la jornada de reflexión, ¿te acuerdas?.

Nos vamos a Sol, que ya va siendo hora. Llevamos muchos días sin estar por allí. Además, corren noticias de que los de la acampada policial se han desorganizado un poco, dicen que no les va mucho lo del asamblearismo. Por arriba nos vigila el helicóptero, como todos los días. Tacatacatacataca. Nosotros seguimos por el asfalto. La noche ha entrado de lleno y las calles están de ese color anaranjado de las farolas. A la mitad de Alcalá pasamos a un par de municipales que simplemente miran. Parece que la marcha avanza sin problemas. Ya vemos el oso y el madroño a lo lejos, lleno de gente subida haciendo fotos. Y seguimos andando hasta que entramos en nuestra plaza con aplausos y vítores. La gente sonríe mientras levanta las manos. A mi se me humedecen un poco los ojos, con estas cosas no puedo aguantarme.

Como ves, en Madrid esta noche ha salido el Sol.

Un beso,

Guzmán

PD: Te mando algunas fotos para facilitar el trabajo a la imaginación.

Escrito por Guzmán

agosto 6, 2011 a 4:10 am

El verano y la deuda soberana

con 6 comentarios

Este verano es de los raros. Hoy sube la prima de riesgo, la especulación asedia nuestra deuda por razones que unos no entienden y otros no explican, cierran centros sanitarios, volvemos a las calles y todavía hay gente que se pregunta por qué.

La noticia es que en agosto hay noticias y me imagino las redacciones de los periódicos trabajando a destajo con una plantilla mermada y  becarios en prácticas cubriendo estos tiempos inquietantes con sus 300 euros al mes. Recuerdo cuando todo era diferente. Leer el periódico en verano, en los veranos de antes, era un ejercicio insustancial y relajado. Como comerse un polo de limón, que no alimenta pero refresca. Uno podía comenzar por la contraportada, a veces igual de irrelevante que la propia portada, y  sumerjirse en una columna de Vicent sobre el Mediterráneo o en las ensoñaciones de Millás y luego pasar a una entrevista distendida a, pongamos, un cocinero o un músico. A partir de ahí se mantenía el nivel de ni fú ni fá cuando pasabas de puntillas por la sección de cotilleos y las tan insulsas noticias futbolísticas (también llamadas deportivas). Desde ahí el camino era fácil recorriendo la crítica de un concierto, de una exposición, hasta encontrarse con las noticias locales, que dependiendo de tu destino de veraneo podían ser total o absolutamente prescindibles. Para llegar a la política se pasaban sin mirar las páginas de economía, tan preciadas en otro tiempo para cubrir el suelo de la cocina cuando se freían croquetas, hasta encontrar a nuestros queridos dirigentes pasando unos días en la costa con gesto relajado y sin corbata. Omitiendo deliberadamente la parte de internacional (las guerras, esas que creemos tan lejos, no descansan en verano) se acababa el diario. Y te quedabas igual. Había pasado la mañana, esa parte del día que en vacaciones se suele ver acortada en favor de la noche, y ya quedaba menos para comida y siesta. En los veranos de antes Madrid quedaba desierta de noticias y sus esforzados habitantes se relajaban al verse liberados de la tensión capitalina. Cuando en sus noches cálidas se congregaban en alguna terraza del centro, se hablaba de los que no pegan ojo por el calor ó de los que disfrutan del aplatanamiento tumbados sin apenas ropa encima de las sábanas, de ir al pueblo o a la playa, sobre el cuándo y el cómo, nunca del por qué. De todo esto se hablaba, de nada en suma.

Ahora toca encontrarse en las plazas mientras las caras de la gente comienzan a desencajarse de estupor ante los acontecimientos. Lo de dormir o no por el calor, lo del pueblo y la playa, hace siglos que quedó relegado a un segundo plano.

Aunque hay cosas que siguen sucediendo como siempre en este verano raro de 2011. Las agencias de calificación no pudieron evitar que los niños tomaran granizados en las terrazas y se fueran más tarde a la cama, que la luz del mediodía se colara por las rendijas de las persianas y cada cual en su casa esperara en la penumbra, sin demasiados excesos y con movimientos lentos, a que llegara la noche para buscar algo de brisa por las calles. Ni Alemania ni el Banco Central Europeo consiguieron que las chicas no salieran a la calle con vestido y sandalias, que se vean más estrellas fugaces, que se llenen las piscinas de los pueblos. No pudo el FMI evitar que el campo amarillee ni que un año más los vencejos comiencen a volar hacia latitudes más cálidas. Todavía hay conciertos al aire libre, cielos limpios de nubes, horchata. Todo eso queda, pero nos falta algo esencial: aquella sensación de indolencia y apatía estival, de dejarse enfrascar en novelas o conversaciones interminables y olvidar que hay un mundo allá fuera. Y en su lugar aparece un impulso de acción, una inquietud irremediable que nos lleva a salir y a gritar.

No hay descanso en este verano de 2011. Pero este nos lo devuelven, que les quede claro.

Escrito por Guzmán

agosto 3, 2011 a 10:55 pm

Escrito en Relatos

Hay otro mundo en la barriga de este

con un comentario

Hace ya tres semanas que la indignación se sacó de las casas y empezó a ocupar la calle. Como había estado escondida desde tiempos que parecen inmemoriales, por distintos y distantes, al principio se mostraba torpe, entumecida. Pero pronto recordó cómo es aquello que siempre fue y comenzó a funcionar. La indignación no sabe de obsolescencia programada.

Salió espontáneamente sin dar más explicaciones a la razón. Y se quedó allí fuera, instalada en la plaza del pueblo. Tertulianos y políticos al no comprender nada, envejecieron de repente. La propia queja era un fin en si mismo que no atendía a simplificaciones ni etiquetas. Y cuando los viandantes más precavidos la observaron con recelo se les dijo: no somos muchos, somos todos. Así comenzó, con unas pocas personas que decidieron dormir en Sol una noche de mayo y con miles que vieron en aquello algo que por fin tenía sentido. Y como no sabían que era imposible, lo hicieron.

El resto ya es historia. Y aunque todavía queda todo por definir, se habla de la esperanza últimamente

No en el lugar del pacto, no
en el de la renuncia,
jamás en el dominio
de la conformidad,
donde la vida se doblega, nunca.

(Ángel González)

Escrito por Guzmán

junio 5, 2011 a 10:19 pm

¡A galopar, a galopar!

con 3 comentarios

Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Rafael Alberti

(gracias Odín)

Escrito por Guzmán

mayo 19, 2011 a 2:11 pm

Escrito en Uncategorized

¿Qué fue de aquellas fotos?

con 3 comentarios

A veces me olvido de la cámara durante meses. Luego hay temporadas en las que sucede todo lo contrario. Así que hoy, aprovechando un extremo de la bipolaridad, recopilo y apaño las fotos que he ido haciendo durante los últimos meses. Por orden: Nueva York, Asilah (Marruecos), Gijón y Santander. Que nunca se sabe hasta cuándo lo volveré a dejar.

Los álbumes están aquí y aquí para quien quiera ver más.

Escrito por Guzmán

mayo 1, 2011 a 6:45 pm

Escrito en fotografía, macro

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