Un solo disparo
Uno de los lujos de nuestra generación es haber cambiado de moneda y de siglo sin suficiente tiempo de convivencia para añorar su desaparición. Y sin embargo nuestros recuerdos, todos ellos bastante recientes, están cubiertos por una pátina de insólita antigüedad cuando nos referimos a las pesetas y al siglo XX: El primer número de National Geographic en español salió en octubre de 1997 al precio de 250 pesetas. La revista llegó a mi casa por correo ya que mi padre me había regalado la suscripción. A partir de entonces los primeros de mes eran fechas para esperar. Me fascinaba la textura satinada de las fotos, el olor a recién impreso, el sonido de las páginas al ser despegadas por primera vez. Por desgracia, la devoción inicial fue diluyéndose con el tiempo y mi abandono acabó transformándose en una pila de ejemplares sin leer que se extendía en la vertical hasta alturas imposibles. Pero volviendo a los primeros años, todavía recuerdo como si fuera ayer un artículo sobre el fotógrafo de naturaleza Jim Brandenburg y su reto de hacer una sola foto al día durante 90 días en los bosques de Minessota (en el link ir a “gallery” y seleccionar”Chased by the light”). El resultado es un ejercicio de sobriedad y perfección. Algunas de las instantáneas fueron tomadas antes de salir el sol y otras juegan con los colores apagados de la noche cerrada. El primer caso muestra la elección a ciegas de una imagen frente a todas aquellas que esperan a lo largo del día, el sacrificio consciente de un futuro que deja de existir desde el momento en el que aprietas el disparador. El segundo muestra un compromiso con el descarte exhaustivo, una pupila que se mantiene impasible frente al bombardeo contínuo de imágenes y espera a aquella que sobresalga del resto. Me llevo acordando de James Brandenburg varias semanas desde que me regalaron la primera camera digital y me he vuelto loco a disparar sin sentido. Y es que es dificil resistirse a no hacer miles de fotos una vez superada la limitación que imponían el número de carretes o el coste del revelado y la fotografía se acaba convirtiendo en un ensayo de prueba y error con demasiados errores para apreciar los aciertos. Además me mosquea particularmente la dualidad de la fotografía digital. En el momento en que la selección no se realiza sobre el tema a retratar y se deja para un después indeterminado ocurre que la foto se ha dejado conscientemente incompleta, inevitablemente imperfecta. Y se queda bailando entre dos momentos, el de la toma y el de la selección/mejora, que por ahora encuentro incompatibles. Porque una foto puede ser simplemente un segundo, la decisión casi inconsciente de que esa pera en el frutero tiene un brillo especial. Pero ya no depende todo del click, el disparo ya no es irrevocable, y eso parece que le quita espontaneidad, algo de frescura. Nos convertimos en policías al otro extremo de la foto aplicando unas leyes que quizás en el momento de la toma no operaban. James Brandenburg nos enseña que cualquier foto es única en el momento irrepetible del disparo, que una imagen sólo se encuentra en la mínima fracción de tiempo donde pupila y paisaje reconocen su existencia.






Hola! Soy Gerardo.
Te escribo, primero para darte la enhorabuena por tu capacidad para juntar palabras. He leído, y aplaudido tras leer, las dos últimas entradas de este blog y tengo que decirte que hacía tiempo que no encontraba en esta cosa de internet algo tan de “bien cocinado”.
En segundo lugar, quería comentarte que formo parte de un proyecto, que es El Gran Poder, una revista digital que “emite” desde Sevilla, y que me preguntaba si te interesaría participar altruistamente en ella. Llevamos trabajando desde Enero de 2006, más de dos años.
De aquí a unas semanas, vamos a sacar una versión más profesionalizada y estamos seleccionando gente que, como tú, nos haga levantarnos de la silla al leer.
Si te interesa que te contemos más, escribe aquí:
redaccion@elgranpoder.com
Si no, pues gracias de todos modos y te seguiré leyendo.
Un saludo.
Gerardo
Febrero 3, 2008 a 5:26 pm
Olé! Felicidades!
Yo quería recomendarte un libro, que a lo mejor conoces, se llama “La cámara lúcida: notas sobre la fotografía”, de Roland Barthes. Es muy interesante, en él Barthes elige varias fotografías que le han impactado a lo largo de su vida e intenta descrifrar qué es lo que tienen de especial precisamente esas fotografías que no tengan otras. Las analiza desde el punto de vista del espectador, no del que fotografía, pero igualmente es una gozada leerlo, sobre todo si te interesa el tema “mirada de las cosas a través de una cámara”. Habla también sobre el “punctum”, no te lo sé explicar bien, pero tiene que ver con el momento del disparo así, sin ser demasiado consciente, pillado por sorpresa, sin ser policías… Mu bonito el texto, sí sí.
teresa
Febrero 4, 2008 a 5:09 pm
¡Estupendas reflexiones! Sabes que compartimos la admiración por el trabajo de Jim Brandemburg, especialmente por aquellas 90 fotos que eran la síntesis de un maravilloso territorio, las gotas de su auténtica esencia, destiladas en 2.160 horas de observación y búsqueda.
Sin embargo, esa irrepetibilidad de la que hablas no debe enemistarte con la fotografía digital, enemistad inútil ya que la sentencia condenando la fotografía analógica se ha pronunciado hace tiempo. Como decía otro grande de este arte, Henri Cartier-Bresson, “Desde sus orígenes, la fotografía no ha cambiado salvo en sus aspectos técnicos lo que, en mi opinión, no tiene mayor importancia” O, lo que es lo mismo, ¿qué más da que el soporte que utilicemos sea una placa de vidrio, una fina película de triacetato de celulosa, de poliestireno, de poliéster, o un sensor electrónico? ¿qué más da que el proceso para fijar las imágenes sea químico o informático?
Lo que hay siempre es algo que nos conmueve y que queremos, por así decirlo, “eternizar” para poder compartirlo con los demás. Es una forma de relación con el mundo y, en ella, lo de menos son las características técnicas del medio utilizado.
Es cierto que la fotografía digital ha banalizado el momento mágico del disparo, al haber liberado a los usuarios de la obligación de pagar copias en papel para ver sus resultados. No sé si la gigantesca cantidad de fotografías digitales tomadas habrá aumentado en la misma proporción el número de grandes fotos realizadas, pero si admites un consejo de padre, olvídate del antes y el después, del número casi ilimitado de las que puedes hacer, y de las casi ilimitadas posibilidades de Photoshop, y concéntrate en cada foto como si fuera la última de tu último carrete.
Como también decía Cartier-Bresson, “Fotografiar es poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo punto de mira” y, para eso, nos sirve cualquier tipo de cámara. Estoy seguro que nuestro admirado Jim también se ha tenido que pasar a las cámaras digitales.
Un beso.
el viajero austral
Febrero 4, 2008 a 11:34 pm
Cuanto tiempo sin saber de tí!! me alegra poder leerte al menos de vez en cuando…espero que todo te vaya bien
besos y abrazos
Bea
Febrero 11, 2008 a 12:43 pm