Puzzles de Arena

Bombay, primera parada

Publicado en Viaje por la India by Guzmán en Marzo 27th, 2008

No esperabamos mucho de Bombay en la primera aproximacion. Polucion, trafico, pobreza. Malditos teclados ingleses sin acentos.

Llegamos a las dos de la mañana con un desajuste de cinco horas. Habiamos viajado hacia la noche, sobrevolado el Mediterraneo y dejado atras la tierra ensangrentada de Irak. Cuando nos encontrabamos en la vertical de Mosul comenzo a anochecer. En Europa la tarde apenas se habia estrenado, en America acababa de amanecer. Entonces comprendi mejor las cosas.

El primer viaje en taxi nos presento a los dalit, los intocables de la antigua sociedad de castas india. Los vimos bajo los camiones, en las aceras, en la carretera. Dormidos en cualquier lugar porque cualquier lugar es su casa. Al dia siguiente visitariamos el suburbio donde trabajan lavando ropa, recogerian la basura de los hostales llenos de occidentales, se acercarian a pedir unas rupias para comprar leche en polvo. Al principio no puedes evitar dar algo a todos los que te piden, al final te impermeabilizas y ni siquiera los ves, decia un viajero. Los intocables son tambien invisibles.

A medida que nos aproximamos al centro vamos encontrando una ciudad con mas elementos europeos. Hay menos dalit y menos chabolas de carton (me pregunto como aguantaran el monzon que se aproxima) y comienzan a aparecer los bancos, los anuncios de colonia. Bombay es la capital economica de la India, Delhi es la geografica.

Tardo dos noches en acostumbrarme al cambio horario, a los ventiladores y el ruido de la calle.

Los primeros momentos de Bombay nos sirven para ver lo que esperabamos. Una ciudad grande, contaminada y con mucha pobreza. Algunos dicen que esto no es nada pero de momento sigo utilizando el superlativo en espera de la comparacion con otros lugares. Podriamos habernos cogido el tren hacia el sur pero preferimos no apresurar. Al dia siguiente desubririamos uno de los festivales mas ancestrales del calendario hindu, la celebracion de la primavera.

Desde primeras horas de la mañana empiezan a aparecer por todas partes niños y no tan niños con la cara cubierta de un polvo multicolor. La celebracion consiste en bendecirse los unos a los otros pintando la frente de distintos colores que simbolizan la primavera. La bendicion inicial se convierte en una batalla campal en la que los contendientes son cubiertos de pies a cabeza de polvo primaveral. En la lucha, los occidentales son objetivo primordial. Una bonita tradicion, piensa uno, hasta que no te apetece mas parecer un pitufo y descubres que aquellos polvos magicos son colorantes para ropa y no alimentarios como habiamos supuesto. Despues de la tercera ducha apenas conseguimos deshacernos de la primera capa. Ahora, cinco dias despues, me miro la mano y todavia veo alguna veta azul asomando entre los dedos.

En los albores de la celebracion caminamos por el mercado de Colaba hasta llegar a las calles donde el asfalto se convierte en polvo. Las casas a los lados de las estrechas calles son construcciones sencillas de hormigon. Estamos entrando en uno de los barrios pobres de Bombay. Una primera valoracion desde nuestro conservadurismo occidental nos suguiere volver sobre nuestros pasos pero hay algo secreto y autentico en estas gentes que nos invita a seguir. Sus miradas no exceden la mas genuina curiosidad y nos llegan a avergonzar cuando contienen admiracion hacia el hombre blanco. Uno se pregunta por que. Una niña comenta mientras nos señala que el blanco es “el color mas popular en la India”. Seguimos avanzando hasta llegar al final, una pequeña entrada de mar llena de basura donde la gente baila descocada los ultimos exitos dance indio en torno a una hoguera. Desde el principio una señora de mediana edad actua de anfitriona ofreciendonos continuamente bebida y presentandonos a hijos y vecinos. Su nombre es Makala y no puede bailar porque la tradicion se lo prohibe durante los cinco años siguentes a la muerte de su marido. Las horas siguientes pasan desapercibidas entre el humo, la musica y la espiral de saris multicolor. Al final, la familia al completo nos mostrara la salida entre pasadizos oscuros hasta donde empieza la calle y termina la tierra. Al dia siguiente, invitados a cenar, conoceremos sus casas, los diminutos espacios vitales que contienen la intimidad de los humildes. Seremos agasajados por los que nada tienen y todo dan. Nos hablaran de las intenciones del gobierno de expulsarles a las afueras para construir pisos de viviendas, de sus matrimonios concertados, de sus sueños por prosperar y salir de la pobreza pero tambien del fuerte vinculo con su comunidad, de sus profundas raices ancestrales.

Al dia siguiente actuamos de extras en una pelicula de Bolliwood pero eso merece muchas menos palabras que lo anterior.

Nos subimos al tren en direccion sur dejando atras el Bombay esperado de antemano y la realidad contradictoria que descubrimos en sus calles

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Yorkshire Dales

Publicado en Paisajes, fotografía by Guzmán en Marzo 4th, 2008

∞ Son escasos. Los domingos soleados en Yorkshire son tan infrecuentes como perfectos. Nadie los espera, la gente no reserva el domingo para tomarse el vermú, ir de cañas o pasear por el Retiro. Suelen transcurrir despacio bajo el espeso manto gris que forma un contínuo desde el principio hasta final del día. Por eso, sólo los ingleses comprenden la genialidad de un domingo con sol y sólo ellos saben como comerse esos días únicos hasta el mismo tuétano. La mañana empieza con incredulidad y casi nadie se atreve a pisar la calle por miedo a que el sol se apague nada más salir. Poco a poco, a medida que avanzan las horas se van desenvolviendo de entre sus mantas y con cierto temor salen de la madriguera con los ojos diminutos por tantas noches sin día. La confirmación de que no hay ni una nube en el cielo y que éste sigue siendo azul, desata todas los instintos latentes. Entonces llega el revuelo, las llamadas y los planes. Los más se irán a Hyde Park en sandalias y con su barbacoa al hombro. Al día siguiente la hierba estará parcheada de rectágulos con olor a salchicha. Algunos con suerte nos montaremos en el coche de camino a los Yorkshire Dales. Una vez allí pasaremos el día entre prados salpicados de ovejas lanudas y bosques de coníferas y abedules. Desde una loma veremos el atardecer. En el pueblo más cercano comeremos un Sunday Roast con una pinta de bitter para calentar los huesos y seguir resistiendo los embates del invierno. Al día siguiente volverá la niebla, el calor del sofá y la taza de té.

∞ Sunny Sundays in Yorkshire. They are rare. Maybe that is why they are usually perfect. Do not plan anything in advance, it will probably be grey and miserable from beginning to end. Above us we will just see a continuum of clouds, just another day. Maybe it will rain. But sometimes it changes, and then only the locals realise how magical these days are and only they know how to make the very best of them. The day begins bright and shiny, but people remain calmed, expectant, afraid of the clouds coming back the very moment you step out the door. Sometime, someone decides to venture it outside and confirms that indeed the sky is still blue up there. Then it is time for excitement, phone calls and quick plans. Some hundreds on their flip-flops will take over Hyde Park well equipped with their disposable barbaqueues which will result in tens of sausage-smelling burnt grass patches. We will jump on the car and drive far away where the city ends. It is the Yorkshire Dales. Once there, we will walk along green fields spotted by sheep or across dark pine and birch forests. We will see the sunset from a hill although I prefer to look at their bright faces smiling at the sun on its way down. Only the locals understand this feeling. At the country pub in the nearby village we will get our strength back with a pint of bitter and a Sunday roast. Tomorrow it will be grey again. Back to reality.

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