Puzzles de Arena

Blog de relatos, viajes y fotografía

Archivo para Junio 2008

La Puna de Atacama

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Si estuviéramos a finales del siglo XVIII este viaje discurriría en gran parte por el Virreinato del Río de la Plata, una entidad territorial declarada por la Corona Española que abarcaba los actuales territorios de Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y el Sur de Brasil. Lo que la postre sería un baldío intento de unificación de Carlos III que empezó a desmoronarse 40 años más tarde con la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires y los sucesivos levantamientos a lo largo de la geografía del efímero Virreinato.

Dudo que en aquella época de decadencia colonial se tardara sólo 22 horas en recorrer los 1660km que separan Buenos Aires y San Salvador de Jujuy, capital de la provincia argentina más septentrional y fronteriza con Bolivia. Pero ni siquiera este pensamiento me libró de desesperarme en más de una ocasión a medida que atravesábamos el secarral de la llanura argentina en una eterna línea recta de asfalto. Y como semejante cantidad de kilómetros no se recorren en vano el contraste entre origen y destino estaba asegurado. Desde el moderno Buenos Aires con sus gentes de rasgos europeos por el gran flujo migratorio desde Italia y España hasta un Jujuy de fisonomía indígena como preludio de lo que más tarde me encontraría al cruzar la frontera con Bolivia. La cumbia comenzaba a sonar en cada esquina, los puestecillos de comida y ropa llenaban las aceras, soplaba un aire frío y cortante. Nos acercamos a los Andes. En días sucesivos conoceré la provicia de Jujuy con sus pueblos en las faldas de la Puna de Atacama, una meseta a más de 3500m de altitud. En Purmamarca (lengua Aimara “pueblo de la Tierra Virgen” y en quichua “pueblo del león”) y Tilcara (nombre correspondiente a la tribu preincaica que habitaba la región) cerros policromados y vertiginosas quebradas flanquean la amplia y árida llanura donde la vida resiste los embates de una naturaleza extrema. Los cactus gigantes están presentes en laderas y cimas como un ejército de soldaditos de plomo recortando el horizonte. Las llamas de pelo largo pastan en el fondos del valle sin inmutarse por las oscilaciones climáticas de soles ardientes, vientos helados y noches gélidas. En las ruinas de Pucara, un asentamiento prehispánico sobre un cerro que domina la inmensa llanura, me encuentro sobrecogido por la extremidad del paisaje y por la historia susurrante. En el centro del complejo una pirámide se erige en homenaje al pasado de aquellas gentes.

De entre las cenizas milenarias de un pueblo muerto

exhumaron las culturas aborígenes dando eco al silencio.

Hacia finales del siglo XVI la conquista de región del Tucumán era prioridad para Pizarro para lo cual dispuso un ejército de 600 españoles y 1500 peruanos que comandaría Almagro. Por aquel entonces el valle de Jujuy estaba habitado por tribus como los Paipayas, los Osas, los Ocloyas o los fieros Humahuacas. Mientras las ciudades de Salta, Tucumán y Santiago de Estero cayeron fácilmente, los Humahuacas se servían de las quebradas y las estrechas gargantas para defender su territorio. Se les llamó los señores del tránsito. No fue hasta 1593 cuando sus posiciones cayeron ante el numeroso y mejor armado ejército español. Como se recoge en escritos de la época la asimilación de la raza conquistada por la raza conquistadora no se había producido, las tribus seguían hablando el quichua y practicando rituales paganos.

Unos 100km más al norte está La Quiaca, población argentina fronteriza con Bolivia. Al otro lado, Villazón. Dos pueblos adyacentes, dos países distintos. Y al cruzar la línea imaginaria encontramos la Bolivia del Altiplano, de las mantas de colores y los sombreros negros de oveja, de las mujeres con polleras, enaguas y calcetas de vicuña, el país de la gente enjuta y parca en palabras, de las hojas de coca, de los rostros duros y las mejillas abiertas. En el periódico se recogen los resultados del último proceso secesionista, el de la región de Tarija. Y Evo Morales convoca un referendum de reafirmación política. De la convulsa Argentina a las turbulencias bolivianas. Todo es llano y estamos a 3400m sobre el nivel del mar.

Escrito por Guzmán

Junio 30, 2008 a 9:59 pm

Buenos Aires 2001+7

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Buenos Aires asimétrico y coyuntural. Comienza el periplo por Sudamérica en la ciudad porteña bajo la luz pálida de finales de otoño.

Llego a un país estancado en una rebelión agraria de más de cien días que se transforma en una guerra de bandos entre gobierno y oposición. En forma de paros y piquetes, los unos, o de discursos desde la Casa Rosada y manifestaciones multitudinarias, lo otros, se enseñan mutuamente los dientes. Un conflicto complicado y multifactorial. Un decreto del nuevo gobierno de Cristina Kirshner aumenta las retenciones de los productos agrícolas, principal motor económico del país dedicado mayoritariamente a la soja, como parte de su plan para la redistribución de las riquezas. El campo argentino se levanta y sigue levantado. La Argentina de la asociación obrera, con sus cientos de gremios y sindicatos, se alinea con uno u otro bando. Las protestas son feroces desde ambas partes. ” Con la comida no se jode, aguante Cristina” reza una pintada en pleno centro de la ciudad. Contínuas referencias al pasado peronista, desconfianza generalizada de la clase política y descontento general. Protestas en la calle, cacerolas y pancartas. Aunque muchos dudan de la espontaneidad de estas manifestaciones. “Para que Cristina llene la Plaza (de Mayo) tené que soltar muchos pesos”. Y la crisis continúa, ya se habla de hito histórico mientras los escépticos ven al país embebido en un lucha equivocada, evitando plantear las cuestiones verdaderamente transcendentales. ¿Por qué no se diversifica el cultivo? ¿Por qué el gobierno no limita la dedicación exclusiva a la soja de importación en vez de exigir su parte de la tarta? ¿Por qué depender de la exportación de otros bienes en un lugar tan fértil y productivo? Quizás se nos ocurran justificaciones: capitalismo, mercado global, libre comercio y otro centenar de sinónimos. Ya lo decía Galeano en la década de los ´70.

La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder (…). América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta. Pasaron los siglos y América Latina perfeccionó sus funciones.

Qué actualidad más insultante, qué desgracia.

Adiós a Buenos Aires con su tango, sus empanadas de carne, el San Telmo de anticuarios y fachadas descuidadas, el barrio de La Boca pintoresco y artificial, la controversia política, su Charly García en el psiquiátrico, las noches largas, la gente desinhibida y sus palabras de exquisita musicalidad. Me quedo con esto último.

Actualización: Si nos parece que en España hay crisis, en Argentina la inflación real es de más del 30% anual (los indicadores económicos del gobierno nunca reflejan la realidad). El alquiler de un piso aumenta un 20% cada seis meses…

Escrito por Guzmán

Junio 19, 2008 a 8:08 pm

El tren de la India, ultima parada

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Un tren como un pais. La contradictoria realidad de la India viaja en un tren estratificado y hermetico. Cada uno con sus similares, la mezcla esta prohibida.

Hacia el final del convoy el pasaje se hacina en vagones con un intenso hedor a orina, pies y sudor. Hay charcos en el suelo, paredes ennegrecidas, asientos rotos y grasientos. Tan solo unos pocos consiguen un sitio. Los mas se sientan en cuclillas contra las puertas o se quedan de pie en los pasillos. De entre los barrotes de las ventanas salen brazos que se agitan, cabezas de niños curiosos y un murmullo sostenido de conversaciones en hindi. Por apenas tres euros, un viaje de veinte horas con sueño mal conciliado para los viajeros humildes, que son demasiados para creerse individuos.

Segun avanzamos hacia la locomotora comienza la siguiente clase. Camas literas de tres en tres en pequeños compartimentos, ventiladores metalicos que remueven el polvo de los vagones y un mas sutil pero omnipresente olor a orina. Los hombres mascan tabaco especiado y al terminar se acercan a la ventana para escupir hacia fuera el liquido negro resultante. Los pasillos estan atestados de bolsas, sacos y fardos de ropa que hay que esquivar con destreza para encontrar el asiento asignado. A la altura de la cabeza hay que cuidar especialmente los pies que cuelgan de las literas. El sueño es interrumpido por el calor pegajoso y las continuas idas y venidas de los vendedores de te. Hacia las cinco de la mañana amanece en el vagon y una gran parte del pasaje conversa animadamente. El cafe se sirve en vasitos de barro, las señoras desayunan con las manos el arroz envuelto en hoja de platano. Por las ventanas abiertas comienza a entrar el polvo de las planices, la sequedad de nueve meses sin lluvia.

Mas arriba estan los vagones con aire acondicionado, espacios mas grandes, almohadas y sabanas, cortinas que separan compartimentos. Aparece el concepto de privacidad y comfort occidental. Arropado en las camas impolutas se deja pasar el tiempo dormitando a quince grados de temperatura mientras afuera la tierra se cuece bajo el sol del mediodia. Disminuye el tumulto, el bullicio y el olor a orina. Las ventanas cerradas tienen cristales ahumados que no permiten ver el exterior. No hay viaje, solo origen y destino. Segun aumentamos la clase aparece el hombre blanco y se aleja La India.

Al acercarnos a la gran ciudad empiezan a aparecer asentamientos apelotonados a ambos lados de las vias. En tierra de nadie viven los invisibles, una linea continua de pobreza persigue al tren en su camino por las afueras. Desangeladas chabolas, viejos sentados en las vias jugando a las cartas, niños correteando entre la basura. Un hombre en cuclillas defeca en el triangulo de tierra entre dos vias ferreas. Una mujer enjabona a su bebe en un barreño a escasos metros del tren que pasa como una exhalacion por la puerta de su casa. Un grupo de chavales juega al cricket entre los postes de alta tension. Hay ropa tendida en el alambre de espino. En cualquier terreno baldio. En las cunetas, los descampados o los basureros. Alli estan ellos, los desheredados.

Al llegar a la estacion, de nuevo, olores encontrados. Orina, incienso, sudor, jazmin, orina otra vez. Apenas queda un hueco en el atestado suelo del anden. Una alfombra de personas y bultos lo cubre completamente. Nadie parece exasperado por el retraso del tren, no hay relojes que mirar de reojo ni moviles con los que avisar de la tardanza. Si hay algo que los hindues dominan como nadie es el arte de la espera. Con un concepto de tiempo sensiblemente dilatado con respecto al occidental, esperar tres o cuatro horas esta a la orden del dia. Para eso estan los vendedores de pakora, el hombre del chai y el puesto de samosas.

En los pasillos de la estacion cientos de hombres con bigote (la estadistica generada por puzzlesdearena es de un 80% de bigotes en hombres mayores de 30 años) esperan para conseguir un billete. La cola es un conglomerado semicircular de la que salen brazos enmarañados agitandose en direccion a la ventanilla. Asi, la espera en las taquillas se convierte en una experiencia intima con la respiracion en la nuca del de atras y los pelos de las orejas del de delante acariciandote las mejillas. Pero nadie levanta la voz porque no es un situacion estresante, simplemente es asi.

En la calle esperan los buscavidas y los timadores, los guias turisticos, los representantes de hoteles. Mas alla, el trafico sin ley. El conductor del tuc-tuc detiene el regateo incesante para acordar el precio con un movimiento de cabeza singular. El gesto afirmativo en la India no es un si, ni un no, es una mezcla, un ladeo de cabeza desde la base y hacia los lados, casi un baile. Y como el olor de las letrinas o las especias del curry, es indescriptible.

De camino al hotel suelta algun que otro eructo despistado sin el mas minimo gesto de verguenza. Nos cuenta las historia de una pareja de rajistanies de diferente casta que mataron a sus respectivas familias para estar juntos, en la carcel. Nos informa de que la tarde anterior el termometro subio hasta los 45C a la sombra. Mientras, esquiva vacas, niños cruzando la carretera, motos con cuatro personas y tres bolsas de la compra, conductores de autobus suicidas. Hace sonar la bocina cada diez segundos, va en sentido contrario un buen rato y hace unos cambios de carril no aptos para cardiacos.

Ayer estabamos en un fuerte de arenisca en el desierto del Thar, a pocos kilometros de la frontera con Pakistan. Dejamos la tierra de los maharajas detras con su aire de las Mil y Una Noches y su mezcla de hinduismo e islam. Llegamos a una gran Delhi de polucion, progreso y pobreza. Mañana estaremos en la ciudad del Ganges, con sus muertos flotando en las mismas aguas sagradas del baño, la limpieza y el culto. El rio que nace en la cordillera del Himalaya y muere en el delta mas grande del mundo y en cuyas orillas vive el 10% de la poblacion de este planeta. Mas tarde pasaremos por el mausoleo mas famoso de la historia. Mandado construir por el emperador Shah Jahan a la muerte de su esposa Mumtaz Mahal. Y luego poco mas, vuelta a Dehi para volver de verdad. Despedida indecisa de esta India dividida espiritual contradictoria bella irracional. De aquel lugar que acoge al viajero como una montaña rusa para centrifugarlo de impresiones, aporrear los sentidos y dejarlo con la boca abierta y el estomago revuelto.

So far as I am able to judge, nothing has been left undone, either by man or nature, to make India the most extraordinary country that the sun visits on his rounds. Nothing seems to have been forgotten, nothing overlooked.

Mark Twain

India is a country of nonsense.

Mahatma Gandhi

Aqui estan todas las fotos del viaje.

Escrito por Guzmán

Junio 6, 2008 a 1:22 pm