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La Puna de Atacama

con un comentario

Si estuviéramos a finales del siglo XVIII este viaje discurriría en gran parte por el Virreinato del Río de la Plata, una entidad territorial declarada por la Corona Española que abarcaba los actuales territorios de Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y el Sur de Brasil. Lo que la postre sería un baldío intento de unificación de Carlos III que empezó a desmoronarse 40 años más tarde con la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires y los sucesivos levantamientos a lo largo de la geografía del efímero Virreinato.

Dudo que en aquella época de decadencia colonial se tardara sólo 22 horas en recorrer los 1660km que separan Buenos Aires y San Salvador de Jujuy, capital de la provincia argentina más septentrional y fronteriza con Bolivia. Pero ni siquiera este pensamiento me libró de desesperarme en más de una ocasión a medida que atravesábamos el secarral de la llanura argentina en una eterna línea recta de asfalto. Y como semejante cantidad de kilómetros no se recorren en vano el contraste entre origen y destino estaba asegurado. Desde el moderno Buenos Aires con sus gentes de rasgos europeos por el gran flujo migratorio desde Italia y España hasta un Jujuy de fisonomía indígena como preludio de lo que más tarde me encontraría al cruzar la frontera con Bolivia. La cumbia comenzaba a sonar en cada esquina, los puestecillos de comida y ropa llenaban las aceras, soplaba un aire frío y cortante. Nos acercamos a los Andes. En días sucesivos conoceré la provicia de Jujuy con sus pueblos en las faldas de la Puna de Atacama, una meseta a más de 3500m de altitud. En Purmamarca (lengua Aimara “pueblo de la Tierra Virgen” y en quichua “pueblo del león”) y Tilcara (nombre correspondiente a la tribu preincaica que habitaba la región) cerros policromados y vertiginosas quebradas flanquean la amplia y árida llanura donde la vida resiste los embates de una naturaleza extrema. Los cactus gigantes están presentes en laderas y cimas como un ejército de soldaditos de plomo recortando el horizonte. Las llamas de pelo largo pastan en el fondos del valle sin inmutarse por las oscilaciones climáticas de soles ardientes, vientos helados y noches gélidas. En las ruinas de Pucara, un asentamiento prehispánico sobre un cerro que domina la inmensa llanura, me encuentro sobrecogido por la extremidad del paisaje y por la historia susurrante. En el centro del complejo una pirámide se erige en homenaje al pasado de aquellas gentes.

De entre las cenizas milenarias de un pueblo muerto

exhumaron las culturas aborígenes dando eco al silencio.

Hacia finales del siglo XVI la conquista de región del Tucumán era prioridad para Pizarro para lo cual dispuso un ejército de 600 españoles y 1500 peruanos que comandaría Almagro. Por aquel entonces el valle de Jujuy estaba habitado por tribus como los Paipayas, los Osas, los Ocloyas o los fieros Humahuacas. Mientras las ciudades de Salta, Tucumán y Santiago de Estero cayeron fácilmente, los Humahuacas se servían de las quebradas y las estrechas gargantas para defender su territorio. Se les llamó los señores del tránsito. No fue hasta 1593 cuando sus posiciones cayeron ante el numeroso y mejor armado ejército español. Como se recoge en escritos de la época la asimilación de la raza conquistada por la raza conquistadora no se había producido, las tribus seguían hablando el quichua y practicando rituales paganos.

Unos 100km más al norte está La Quiaca, población argentina fronteriza con Bolivia. Al otro lado, Villazón. Dos pueblos adyacentes, dos países distintos. Y al cruzar la línea imaginaria encontramos la Bolivia del Altiplano, de las mantas de colores y los sombreros negros de oveja, de las mujeres con polleras, enaguas y calcetas de vicuña, el país de la gente enjuta y parca en palabras, de las hojas de coca, de los rostros duros y las mejillas abiertas. En el periódico se recogen los resultados del último proceso secesionista, el de la región de Tarija. Y Evo Morales convoca un referendum de reafirmación política. De la convulsa Argentina a las turbulencias bolivianas. Todo es llano y estamos a 3400m sobre el nivel del mar.

Escrito por Guzmán

Junio 30, 2008 a 9:59 pm

Una respuesta

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  1. Querido Guzmán, como siempre, da gusto leer lo que escribes y como lo escribes.
    ¡Vaya cambio de paisaje y de gente!.
    También, como siempre, te deseamos que disfrutes.
    Un abrazo

    Marisa y Antonio

    Julio 2, 2008 a 5:14 pm


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