Puzzles de Arena

Blog de relatos y fotografía

Sal, tierra, hielo, plata

con 8 comentarios

Perdemos la noción del espacio al recorrer la inmensidad blanca del desierto de sal más grande del mundo, el Salar de Uyuni. Con sus 12,000 km² y sus 3,650m de altitud es un lugar surrealista, un punto extraterrestre en medio del altiplano. El antiguo mar interior que hace 40,000 años ocupaba la extensión del actual salar se fue progresivamente desecando por la subducción, lo que a la postre formó la cordillera andina. En lugar de sus aguas quedaron 64,000 millones de toneladas de sal de las cuales 25,000 toneladas son explotadas anualmente. Al amanecer el paisaje se tiñe de un azul pálido y homogéneo que impide diferenciar la tierra del cielo. Sólo las escasas montañas cincundantes permiten delimitar el horizonte y recuperar por unos momentos las dimensiones.

Desde Uyuni a Potosí discurre un camino polvoriento y pedregoso a través de lo más inhóspito de los Andes. Atrás queda la llanura blanca como un sueño, un espejismo en medio del desierto. Al borde del camino es común encontrarse con altarcitos que recuerdan accidentes pasados. Es difícil pensar que esta tartana de autobús recorra semejante camino de cabras sin despeñarse. Por eso a veces es mejor cerrar los ojos. Atravesamos discretas poblaciones compuestas por tres o cuatro casas de adobe que sobreviven con unas pocas llamas, cultivos de quinua y papas en lugares imposibles. Sucesión de tierras agrietadas y plantas sedientas de raices descubiertas. Se detiene el autobús en medio de la nada y se baja un hombre pequeño y arrugado que descarga un fardo gigante de la baca y se pierde entre el polvo. La roca va cambiando de tonalidad al avanzar, desde el blanco yeso al rojo oxidado. Como el pueblo boliviano. Diverso y dividido, castigado por el viento y por la historia. Gente silenciosa de mirada tristona e indescifrable. A veces resignados y melancólicos. Otras ajenos a una realidad al tiempo divisoria y convergente. Reina la incertidumbre en el país que sirvió de ejemplo al mundo cuando sus movimientos pro-indigenistas y anti-sistema se alzaron con el poder político. Hoy pintan bastos para aquellos.

Tras 6 horas (220km) llegamos a Potosí, la ciudad que más dió al mundo y la que menos tiene, con su Cerro Rico imponente y vergonzoso, símbolo del exceso y el declive de la ciudad que fue cegada por una codicia color plata. Potosí fue fundada el 1 de abril de 1545 por el capitán Juan de Villarroel tras el descubrimiento de una veta del preciado mineral en el cerro que los indígenas llamaban Sumaj Orkho. Los siglos XVI y XVII fueron los de la riqueza desmedida como cuenta Galeano:

Dicen que las herraduras de los caballos eran de plata [...]. De plata eran los altares y las alas de los querubines. En las procesiones del Corpus Christi de 1658 las calles fueron desempedradas[...] y totalmente cubiertas con barras de plata. [...] Convertidas en piñas y lingotes las entrañas de Cerro Rico alimentaron sustancialmente el desarrollo de Europa.

Como advierte Don Quijote a Sancho: “Vale un Potosí”. Una ciudad que en cien años aumentó hasta los 160,000 habitantes, la misma población del Londres de la época y mayor que Madrid, París o Roma. Como siempre, como ahora, había uno que cavaba y otro que recaudaba. La mita establecia como obligatorio para los campesinos indígenas el trabajo en la mina por 3 años sin apenas ver la luz del sol. Se traían cientos de esclavos africanos que morían por las penurias del viaje o, en cuestión de semanas, por los efectos de la altitud. Hasta el siglo XVIII, el principio del fin de Potosí:

Aquella sociedad potosina, enferma de ostentación y despilfarro, sólo dejó a Bolivia la vaga memoria de sus esplendores, las ruinas de sus iglesias, y palacios y ocho millones de cadáveres de indios.

La plata más accesible se había esfumado. Los mitayos emigraban lejos de la región por el miedo a ser reclutados. El cerro, 200m más bajo que dos siglos atrás, fue parcialmente abandonado con sus heridas abiertas en forma de advertencia a caminantes. Se creyó entonces que la escasez del mineral era un castigo divino por los abusos cometidos y un socavón abierto al pié del cerro fue considerado la entrada al infierno. Menos mal que vinieron San Bartolomé y San Ignacio de Loyola para cerrar la puerta del abismo y salvar a los potosinos. Los españoles traían la enfermedad y la medicina.

Hoy en día la realidad de la minería en Potosí es confusa. Siempre dependiente de las caprichosas fluctuaciones del mineral en el mercado ha vivido auges y declives pero nunca recuperó la actividad ni la riqueza de antaño. Las cifras hablan solas; de un 100% de la población dedicada a la minería en el siglo XVII hoy apenas se beneficia un 15%. De una población que rozó los 200,000 hoy quedan 135,000. En la década de los ´80 se produjo una de las crisis más recientes con el desplome del precio del mineral. La compañía nacional Comibol, que se hacía cargo de la explotación, llevó a cabo el despido de la totalidad de los mineros y Cerro Rico quedó en el dique seco. Hace pocos años pequeñas cooperativas reiniciaron la actividad minera con la extracción de concentrados de plomo, zinc, estaño y plata de los cuales sólo un 25% es útil. La producción y los beneficios de esas cooperativas se mantiene en secreto. Lo que es seguro es que aquellos que viven en la oscuridad arañan poca de la riqueza que extraen.

En las profundidades del cerro están los mineros persiguiendo vetas brillantes a través de simas, túneles inundados y pasadizos por los que a duras penas cabe un hombre. Muchos están lejos de cumplir los 18 en un mundo en el que la mayoría de edad se adelanta al tiempo que la esperanza de vida se acorta. A los 40 años se desvanecerán consumidos por la silicosis. Con recuerdos de plata, alcohol de 96º y hojas de coca. Mientras, distintas voces de la ciudad, donde se desconoce lo que ocurre en el Cerro, hablan de mineros viviendo en la opulencia que conscientemente escogen su ocupación a costa de morir jóvenes. No creo que a aquel niño perforador que conocimos le preguntaran si prefería ir a la escuela o a la mina y dudo mucho que sea consciente del futuro que le espera. Simplemente trabaja hasta destrozar sus músculos púberes extrayendo el polvo brillante que le da y le quita la vida.

Hay noticias que vaticinan millones de toneladas de mineral todavía por extraer, dicen que el Cerro Rico es también milagroso, que los españoles no se lo llevaron todo. En cualquier caso, si el sistema de explotación se mantiene igual que hace cinco siglos, esta ciudad seguirá siendo un drama humano que agonizará lentamente como los mineros que la fundaron.

Escrito por Guzmán

julio 5, 2008 a 3:47 pm

8 comentarios

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  1. Gran artìculo Guzmàn!! Si el periodismo estuviese decentemente pagado te aconsejarìa que lo intentases!. Por otra parte, me caguenlaleche!! Quería escribir sobre Potosì pero ya me has desmoralizado. Me dedicarè a otras cosas mientras espero q llegue el lunes por la noche en donde nos veremos en el Milhouse de Sucre.
    Hasta pronto!

    Pablo

    julio 6, 2008 a 12:21 am

  2. Para completar vuestra visita -por fuerza breve- a la mina, te recomiendo encarecidamente que, a la vuelta, saques de la biblioteca el libro de fotos: “Mineros. Bolivia”, tremendo trabajo sobre las minas del Cerro Rico de Jean-Claude Wicky. Esta es la breve reseña que hice después de verlo:

    “Pequeño paréntesis para leer las breves páginas que acompañan a este estremecedor libro de fotografías de mineros bolivianos trabajando en condiciones infrahumanas, sus campamentos -pura miseria- y las “palliri” (¡qué manos y qué pies! destrozados), mujeres sin hombres y con hijos, rebuscando restos de mineral en las empinadas laderas rocosas. Impresionantes fotos y gran texto”.

    Supongo que la visita os habrá dejado conmovidos. Abrazos y ánimo.

    el viajero austral

    julio 6, 2008 a 1:45 am

  3. Te agradezco mucho q nos des tú direcc de blog, porque desde luego tus articulos e impresiones en esta parte del mundo son muy enriquecedores, para alguien como yo, q a través de ello puedo con vosotros viajar virtualmrnte; siendo indudablemente mejor que cualquier clase de historia o noticias en la tv. Estoy de acuerdo con Pablo en lo de tu artículo sobre Potosí, pero tb en el de San Pedro de Atacama, Buenos Aires….
    La parte de la India, quiero otro dia leerla muy detenidamente y empaparme a través de tí de este nuevo continente ,que para mi es totalmente desconocido, y no dudo que tú blog me acercará a ello. Te deseo un buen viaje y que sigas describiendo, opinando, y acercarnos a esas culturas, que deberían ser tan afines a ns por lo que respecta a lo que hicimos o deshicimos a lo largo de nuestra historia. Un beso Puly

    puly

    julio 6, 2008 a 8:49 am

  4. Fotos Fotos Fotos !!!

    Besos :-)

    Maduixa

    julio 7, 2008 a 3:04 pm

  5. Desgraciadamente las fotos no las voy a poder colgar hasta que no llegue a algún lugar con una conexión de internet decente…pero seguiré probando!

    Guzmán

    julio 7, 2008 a 4:44 pm

  6. no puedo imaginar desde dónde escribes todo esto. no hay una silla, ni una mesa, ni un ordenador posible en mi imaginación de ti en ese lugar y con esas palabras.

    bob dylan

    julio 25, 2008 a 1:17 pm

  7. [...] un camarero el día Año Nuevo en el Ritz de Madrid, pronto pasamos a los relatos de la India y Sudamérica. Durante seis meses escribía de forma errática sobre personas y lugares que se sucedían en el [...]

  8. [...] un camarero el día Año Nuevo en el Ritz de Madrid, pronto pasamos a los relatos de la India y Sudamérica. Durante seis meses escribía de forma errática sobre personas y lugares que se sucedían en el [...]


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