Puzzles de Arena

Blog de relatos, viajes y fotografía

Transiciones

con 4 comentarios

Las paredes de nuestra nueva habitación en Santa Cruz están cubiertas por un gotelé montañoso y abrupto. Los desconchones de pintura en el techo, de forma premonitoria, recuerdan al mapa de Perú. Los autobuses de antesdeayer fueron particularmente largos, 29 horas de viaje, pero tampoco es para llevarse las manos a la cabeza. Hubo que cambiar dos veces de vehículo, esperar unas cuantas horas en diferentes paradas estratégicas, pasar dos noches durmiendo con el traqueteo de caminos de piedras, cruzar tres ríos en plataformas propulsadas por motoras y bajarse otras tantas veces para empujar el bus cuando no entraba la primera. La transición se convierte en rutina tras cinco semanas de viaje. Cada día que pasamos metidos en un autobús, aunque se convierta en odisea, resulta necesario para reflexionar sobre la etapa que se cierra. En infinitas horas de paisaje cambiante al otro lado de la ventana cada uno aprovecha el tiempo a su medida para la recolección de memorias perdidas. Con restos de impresiones y fragmentos de imágenes construimos la idea rudimentaria de un viaje, de un país. Algo abstracto, no académico, subjetivo y casi arbitrario aunque a la vez cierto para cada uno de nosotros. Porque como dijo en su día Gabo “La vida no es como uno la vive sino como uno la recuerda para contarla”.

Así contaré que de Potosí a Sucre apenas hay 200km y al menos cien años de distancia. Hacia la ciudad blanca llegaban los acaudalados magnates de la minería potosina para construir sus palacetes y mansiones. La riqueza permitió el desarrollo y afloraban los intelectuales. Desde allí se lanzó uno de los primeros gritos libertadores de América Latina y después de la independencia, Simón Bolívar otorgó la capitalidad a Sucre. Situada a medio camino entre el altiplano indígena de Potosí y la tropicalidad mestiza de Santa Cruz, esta ciudad tiene cierto carácter dual. Y como siempre ocurre, al aparecer el dinero lo hace simultáneamente la miseria. De la diferenciación surgen las barriadas marginales y la mendicidad en las plazas.

A los pocos días llegamos a La Paz capitalina encaramada a sus montañas y con las nieves perpetuas en la trastienda. Habíamos atravesado en la noche la diagonal del país y al amanecer llegábamos a un nuevo destino, con legañas y huesos molidos. Esta vez para poco tiempo. A las 24h estaríamos descendiendo La Carretera de La Muerte en bicicleta, un camino de cabras excavado en la roca desde 4800m hasta 1500m de altitud en 60km de bajada vertiginosa. En unas pocas horas atravesamos todas las zonas climáticas del país, desde la desoladora alta montaña andina al bosque tropical, desde los bajo cero a las sandalias y los pantalones cortos. Hasta que la carretera se cerró al transito de vehículos se registraban un mínimo de 100 muertes al año en este trayecto.

El destino final era el pueblo de Coroico donde se celebraba el festival folklórico más importante del calendario boliviano. El concierto de Los Kjarkas, nuestro grupo favorito de Bolivia, fue el plato fuerte del evento. Enfundados en sus ponchos de vicuña (a más de uno le debió salir un sarpullido), a golpe de zampoña y charango, levantaron al abarrotado público con sus cantos ancestrales en quechua y sus himnos de bolivianidad.

Desde Coroico, por valles nublados en un autobús que desafiaba barrancos con ruedas suspendidas en el vacío, nos plantamos en Rurrenabaque. De pronto el tiempo se estira en este enclave tropical y húmedo a orillas del río Beni, entre la pampa y las selvas de Madidi. En este pueblecillo de calles anchas y casas bajas la vida se hace en moto (con un máximo de cuatro pasajeros o tres+televisión de 30 pulgadas) y el centro de reuniones es el pub-karaoke Bananas. En este pintoresco lugar, con relieves de jaguares adornando las paredes y una bola de discoteca recuerdo de Fiebre del sábado noche, tuvimos la suerte de presenciar una interpretación de Bailar pegados que hubiera bastado para matar de dolor a Sergio Dalma y despertarlo de entre las tinieblas en busca de venganza. De tour por la pampa, quizás demasiado turístico y con claras similitudes a un campamento de verano, nos hartamos de ver aligatores y caimanes tomando el sol en los barros de las orillas y nos bañamos, en esas mismas aguas, rodeados por delfines rosados. Tras atardeceres que poco tenían que envidiar a los de la sabana africana recorrimos en barca la quietud del río para escuchar sapos y alumbrar a los ojos de reptil que nos observaban sumergidos en la oscuridad. De la posterior y demasiado breve incursión en las selvas de Madidi intuímos lo inhóspito y salvaje de un lugar poblado de lianas, árboles estranguladores y hormigas gigantes. Pasamos la noche en camas al aire libre con mosquiteras blancas oyendo el estruendoso concierto de los animales nocturnos. Quizás por la noche un jaguar merodeara por el campamento.

Ahí empieza y acaba la historia, con el autobús que tras más de un día entero de viaje nos depositaría, aturdidos y desubicados, en Santa Cruz. Mañana, de nuevo, cambiamos de paisaje. El tiempo que nos llevará es impredecible, pero en el fondo eso es lo que menos importa.

Written by Guzmán

Julio 23, 2008 a 12:28 am

4 comentarios

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  1. Leyendo lo que escribes, da la sensación de estar viendo dos películas a la vez: la de la vida real allí, lenta, muy lenta y con pocas variaciones, y la del cronista en el que te conviertes, mucho más frenética y con cambios continuos. Sin embargo, en las espectaculares fotos que has colgado, parece que ambas películas, ambos mundos, se unen y encuentran su verdadero ritmo. ¡Enhorabuena!

    el viajero austral

    Julio 23, 2008 a 2:30 am

  2. he aprendido que lo mejor de los viajes son los trayectos, en tren, en autobús. es el mejor lugar, el del tránsito, donde mejor pensar, y donde mejor existir. ahora sólo viajo para poder ir unas horas en tren.

    bob dylan

    Julio 25, 2008 a 1:20 pm

  3. Es bonito leer tan detalladamente fragmentos de un viaje. Más, si es alguien que le gusta viajar. Esa sensación de solitud, novedad, atención máxima, sabores, colores, aromas. Una vez, y no se puede parar.
    Salu2

    awanta

    Julio 28, 2008 a 6:05 pm

  4. Y ahora por dónde andas? cuándo vuelves? tengo novedades…

    besos!

    Maduixa

    Agosto 6, 2008 a 10:47 am


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