Entradas etiquetadas ‘arizona baby’
Crónica del Sonorama 2010
Llevábamos meses esperándolo. Quizás agosto y meseta castellana no sean dos ingredientes de atractivo inmediato. Pero hay que verlo. Hay que sumarle la música, la multitud con ambiente familiar y un pueblo, el de Aranda, totalmente volcado con el Festival. Entonces uno empieza a comprender a los que prefieren el polvo de la llanura a la playa. ¿Quién necesita el mar?.
Todo empezó al jueves cuando llegábamos cargados de calor a la gélida noche burgalesa. Entonces aparecieron los viejos amigos de Arizona Baby y su rock polvoriento de Valladolid. Ellos saben que la meseta es como el lejano oeste donde, a falta de bisontes, vacas son buenas. Allí estaban con sus barbas y ese aire de predicadores del desierto estrenándose en el escenario principal donde empezaron a caldear el ambiente. Luego llegaron Soul Tellers y su música negra con estilo, Vinila VonBismark &The Lucky Dados con su show provocador de aires cabareteros. Para cerrar apareció un armario empotrado con tupé enfundado en un traje negro llamado Loquillo, todo presencia y dominio del escenario. Porque yo tengo una banda de rock&roll.
El viernes entramos de lleno en la dinámica del festival. En la falta de sueño y los conciertos en el pueblo. La plaza abarrotada veía las actuaciones más madrugadoras. Me quedo con The New Raemon, el único capaz de desaturdir a las masas en un concierto dinámico que acabó en lo más alto. Luego había que comer bien en un pueblo con los restaurantes hasta la bandera. Nada como preguntar a los arandinos por un bar de los de toda la vida, con su mierda en el suelo y su platito de aceitunas con la caña donde reponer fuerzas a base de un generoso menú del día. Tras el sopor llegaba el día grande del festival. De refilón pude ver cómo L.A. se desenvolvía a gusto con algunos de sus temas más redondos, como el espléndido Crystal clear. Luego The Right Ons se encargaron de despedir la tarde a golpe de panderetas y riffs alegres y buenrollistas. Una actuación impecable, cargada de energía de principio a fin. Los de Madrid comprenden mejor que nadie lo necesario que es imprimir un tempo alto en conciertos tan cortos. Después llegaron The pains of being pure at heart, con un pop fresco que escuchamos de lejos mientras ocupábamos prime position para el plato fuerte del festival: Standstill. Las primeras filas del público, totalmente entregadas, coreaban canciones como Hombre araña o aclamaban a Enric Montefusco, líder del grupo. Desde que los de Barcelona salen al escenario y comienzan a sonar las atonalidades de Todos de pie, se sabe que aquello es diferente a todo lo demás. Canciones sin estructuras clásicas que se desenvuelven con calma y llegan a lugares inesperados. Intensidad, originalidad, percusiones primarias. El camino que tomamos con Standstill es bacheado pero cargado de instantes brillantes. Desde el intimismo de Montefusco pasamos al pop desinhibido de The Sounds que nos hizo bailar a ritmo de sintetizador. Una actuación llena de momentos felices en los que saltamos con temas como el gran éxito Living in America. Más tarde cambiamos las tornas por Nudozurdo con sus geniales armonías desarrolladas hasta la extenuación en un directo arrasador. La noche era inmejorable, con un nivel espectacular desde el inicio. Los Planetas llegaron para contentar a sus fans mientras los que no comulgan con la banda granadina descansaban contra la valla en espera de un final apoteósico. Entonces llegó Estereotypo para ofrecernos los mejores momentos de este Sonorama 2010. Todo fue inesperado, apareciendo entre grandes bandas consolidadas con una frescura envidiable. Irreverentes, provocativos y geniales. Tuvimos que echar mano de nuestras zapatillas de batalla para bailar al ritmo de su electrofunk y su grandísimo tema The Big Fake. Con la piel de gallina. Ya no había marcha atrás, aquel día iba a ser de los que se recuerdan mucho tiempo. El aire frío cargado de optimismo fue el caldo de cultivo ideal para el cierre de Love of Lesbian. Los temas de último álbum ya son himnos. Infalibles en un directo trabajadísimo con un público al que se había ganado desde el primer minuto. Acabamos, como empezamos: saltando.
El sábado se despertó un poco más cansado. Un día de movimientos lentos en el que recuperarse del empacho de música del día anterior. Al menos ese era el plan, así que preferimos un café largo a los conciertos del pueblo. Pero la calma se rompió cuando oímos ritmos de charanga y todo volvió a empezar. Demostrando que la música y el baile son primarios, sin importar la condición, la charanga de Aranda de Duero fue también uno de los grupos aclamados del festival. Así llegamos casi sin darnos cuenta a la noche final. Sidonie entraba con energía y descaro, convenciendo a los más adeptos pero dejando frío a quien quisiera escuchar un buen concierto. Su participación fue más show que música, se les notaba relajados por acabar la gira y aprovecharon la oportunidad para celebrar con un público deseoso de tararear. Una lástima no haber visto a Hola a todo el mundo, que actuaban al mismo tiempo en la carpa Future Stars. Lori Meyers confirmaron que son uno de los grupos más afianzados del panorama. Con The Ettes pasamos un buen rato con su pop de fácil digestión. Y luego vino lo bueno, el grupo danés The Raveonettes, con un directo potente que mejora en gran medida a su disco. Entonces si que parecía que la cosa iba para arriba. Lo confirmaron Los Coronas con su rock fronterizo. Una prueba de su empeño fue que el batería rompiera el bombo en medio de la actuación. Tarantino ya tiene banda sonora para su próxima película. El cierre lo ponía Delorean, que hicieron bailar a un público eufórico y agotado por partes iguales. Por haberse retrasado en el inicio, la actuación terminó abruptamente sin más aviso, sin que los propios artista supieran que el sonido se había cortado. Así nos encontramos con el final, de sopetón, cuando más polvo se levantaba bajo nuestros pies. Aunque, en realidad, nunca se está preparado para el final. En la pantalla negra se daba las gracias a los asistentes. La gente se dirigía a la salida. Otra vez, había sido un festival extraordinario.
Esta mañana nos despedíamos del las quechuas y los pinos con una inevitable sensación de brevedad. Como dijo un chaval, girando la cabeza hacia nosotros, al término de la apoteósica Adelante Bonaparte de Standstill: Lo bueno dura poco. Ahora que nos habíamos acostumbrado a dormir lo justo y a hacer borrón y cuenta nueva cada 50 minutos para entrar frescos en un nuevo concierto. Ahora que te suenan las caras y no notas tanto las raíces del suelo al dormir; va y se acaba. Esta noche, cada uno en su casa y a su modo, echará de menos los decibelios y las estrellas de Aranda. Pero sobre todo, se sentirá extrañamente individual. Acostumbrado a momentos de una intensa colectividad, todavía sobrecogido por ese estribillo de ojos brillantes y manos en el aire. Cuando no existía nada más.
De Conciertos
Algunas fotos del concierto que dieron Arizona Baby y Los Coronas en la sala Moby Dick el lunes pasado.







