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El tren de la India, ultima parada

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Un tren como un pais. La contradictoria realidad de la India viaja en un tren estratificado y hermetico. Cada uno con sus similares, la mezcla esta prohibida.

Hacia el final del convoy el pasaje se hacina en vagones con un intenso hedor a orina, pies y sudor. Hay charcos en el suelo, paredes ennegrecidas, asientos rotos y grasientos. Tan solo unos pocos consiguen un sitio. Los mas se sientan en cuclillas contra las puertas o se quedan de pie en los pasillos. De entre los barrotes de las ventanas salen brazos que se agitan, cabezas de niños curiosos y un murmullo sostenido de conversaciones en hindi. Por apenas tres euros, un viaje de veinte horas con sueño mal conciliado para los viajeros humildes, que son demasiados para creerse individuos.

Segun avanzamos hacia la locomotora comienza la siguiente clase. Camas literas de tres en tres en pequeños compartimentos, ventiladores metalicos que remueven el polvo de los vagones y un mas sutil pero omnipresente olor a orina. Los hombres mascan tabaco especiado y al terminar se acercan a la ventana para escupir hacia fuera el liquido negro resultante. Los pasillos estan atestados de bolsas, sacos y fardos de ropa que hay que esquivar con destreza para encontrar el asiento asignado. A la altura de la cabeza hay que cuidar especialmente los pies que cuelgan de las literas. El sueño es interrumpido por el calor pegajoso y las continuas idas y venidas de los vendedores de te. Hacia las cinco de la mañana amanece en el vagon y una gran parte del pasaje conversa animadamente. El cafe se sirve en vasitos de barro, las señoras desayunan con las manos el arroz envuelto en hoja de platano. Por las ventanas abiertas comienza a entrar el polvo de las planices, la sequedad de nueve meses sin lluvia.

Mas arriba estan los vagones con aire acondicionado, espacios mas grandes, almohadas y sabanas, cortinas que separan compartimentos. Aparece el concepto de privacidad y comfort occidental. Arropado en las camas impolutas se deja pasar el tiempo dormitando a quince grados de temperatura mientras afuera la tierra se cuece bajo el sol del mediodia. Disminuye el tumulto, el bullicio y el olor a orina. Las ventanas cerradas tienen cristales ahumados que no permiten ver el exterior. No hay viaje, solo origen y destino. Segun aumentamos la clase aparece el hombre blanco y se aleja La India.

Al acercarnos a la gran ciudad empiezan a aparecer asentamientos apelotonados a ambos lados de las vias. En tierra de nadie viven los invisibles, una linea continua de pobreza persigue al tren en su camino por las afueras. Desangeladas chabolas, viejos sentados en las vias jugando a las cartas, niños correteando entre la basura. Un hombre en cuclillas defeca en el triangulo de tierra entre dos vias ferreas. Una mujer enjabona a su bebe en un barreño a escasos metros del tren que pasa como una exhalacion por la puerta de su casa. Un grupo de chavales juega al cricket entre los postes de alta tension. Hay ropa tendida en el alambre de espino. En cualquier terreno baldio. En las cunetas, los descampados o los basureros. Alli estan ellos, los desheredados.

Al llegar a la estacion, de nuevo, olores encontrados. Orina, incienso, sudor, jazmin, orina otra vez. Apenas queda un hueco en el atestado suelo del anden. Una alfombra de personas y bultos lo cubre completamente. Nadie parece exasperado por el retraso del tren, no hay relojes que mirar de reojo ni moviles con los que avisar de la tardanza. Si hay algo que los hindues dominan como nadie es el arte de la espera. Con un concepto de tiempo sensiblemente dilatado con respecto al occidental, esperar tres o cuatro horas esta a la orden del dia. Para eso estan los vendedores de pakora, el hombre del chai y el puesto de samosas.

En los pasillos de la estacion cientos de hombres con bigote (la estadistica generada por puzzlesdearena es de un 80% de bigotes en hombres mayores de 30 años) esperan para conseguir un billete. La cola es un conglomerado semicircular de la que salen brazos enmarañados agitandose en direccion a la ventanilla. Asi, la espera en las taquillas se convierte en una experiencia intima con la respiracion en la nuca del de atras y los pelos de las orejas del de delante acariciandote las mejillas. Pero nadie levanta la voz porque no es un situacion estresante, simplemente es asi.

En la calle esperan los buscavidas y los timadores, los guias turisticos, los representantes de hoteles. Mas alla, el trafico sin ley. El conductor del tuc-tuc detiene el regateo incesante para acordar el precio con un movimiento de cabeza singular. El gesto afirmativo en la India no es un si, ni un no, es una mezcla, un ladeo de cabeza desde la base y hacia los lados, casi un baile. Y como el olor de las letrinas o las especias del curry, es indescriptible.

De camino al hotel suelta algun que otro eructo despistado sin el mas minimo gesto de verguenza. Nos cuenta las historia de una pareja de rajistanies de diferente casta que mataron a sus respectivas familias para estar juntos, en la carcel. Nos informa de que la tarde anterior el termometro subio hasta los 45C a la sombra. Mientras, esquiva vacas, niños cruzando la carretera, motos con cuatro personas y tres bolsas de la compra, conductores de autobus suicidas. Hace sonar la bocina cada diez segundos, va en sentido contrario un buen rato y hace unos cambios de carril no aptos para cardiacos.

Ayer estabamos en un fuerte de arenisca en el desierto del Thar, a pocos kilometros de la frontera con Pakistan. Dejamos la tierra de los maharajas detras con su aire de las Mil y Una Noches y su mezcla de hinduismo e islam. Llegamos a una gran Delhi de polucion, progreso y pobreza. Mañana estaremos en la ciudad del Ganges, con sus muertos flotando en las mismas aguas sagradas del baño, la limpieza y el culto. El rio que nace en la cordillera del Himalaya y muere en el delta mas grande del mundo y en cuyas orillas vive el 10% de la poblacion de este planeta. Mas tarde pasaremos por el mausoleo mas famoso de la historia. Mandado construir por el emperador Shah Jahan a la muerte de su esposa Mumtaz Mahal. Y luego poco mas, vuelta a Dehi para volver de verdad. Despedida indecisa de esta India dividida espiritual contradictoria bella irracional. De aquel lugar que acoge al viajero como una montaña rusa para centrifugarlo de impresiones, aporrear los sentidos y dejarlo con la boca abierta y el estomago revuelto.

So far as I am able to judge, nothing has been left undone, either by man or nature, to make India the most extraordinary country that the sun visits on his rounds. Nothing seems to have been forgotten, nothing overlooked.

Mark Twain

India is a country of nonsense.

Mahatma Gandhi

Aqui estan todas las fotos del viaje.

Escrito por Guzmán

Junio 6, 2008 a 1:22 pm